
Xabier Laborda. Tabac i public, l’anunci i el gener. PARAULES ± COSES ≥ PRAGMÀTICA. Actualizado el 2 de Marzo del 2010. Consulta [22 de Febredo del 2011] En http://enunciats.blogspot.com/
La entrada de blog que nos ocupa se titula Tabac i public, l’anunci i el genere y, siendo escrita por Xabier Laborda, contiene uno de los principales y más interesantes debates que conciernen a la publicidad actual: ¿Debe ser esta un espacio de libre expresión o tal vez un medio con límites bien definidos?
En una realidad profundamente marcada por la masiva circulación de mensajes –nunca antes la capacidad cognitiva del ser humano se había visto sometida a tal estrés conceptual: la televisión, la propaganda y la publicidad o la inabarcable información contenida en Internet forman ya parte de nuestra cotidianidad–, se me antoja que los seres humanos nos encontramos más desprotegidos y desbordados por la información que nunca. Por otra parte, el bombardeo de información mencionado anteriormente ha tenido una repercusión notable en el modo en que los receptores asimilamos la información. Los publicistas se ven obligados, por tanto, a recurrir a las campañas más impactantes, llamativas e incluso grotescas con el fin de captar la atención del potencial consumidor, llegando a transgredir unos límites éticos poco definidos en este medio comunicativo. Así, pues, el anuncio al que el autor hace referencia causó indignación en la sociedad francesa por comparar la situación de los fumadores con una felación forzada, y fue retirado de la circulación de forma inmediata; no obstante, no se trata ni del primer, ni probablemente del último caso en el que la publicad causa controversia e indignación entre la sociedad consumidora.
Sin ir más lejos, la fotografía incluida se corresponde con un anuncio ecologista que representa el sur de Manhattan atacado por un buen número de aviones, ocho años después de los terribles atentados acontecidos en Nueva York. El mensaje ecologista es claro: “el tsunami del Océano Índico mató 100 veces a más personas que el 11-S”; clara fue también, como cabía esperar, la reacción de la sociedad americana, que se mostró herida, atacada y profundamente ofendida por el contenido del anuncio.
Fernando Trías de Bes, periodista de El País, escribió en el artículo Los límites de la publicidad acerca de la libertad de expresión en la publicidad, y sacó a relucir un razonamiento no exento de polémica: si las empresas han de pagar por emitir sus anuncios y las películas, series y documentales reciben dinero por su difusión, ¿por qué es legítimo que los últimos incluyan violencia, contenidos sexuales e insultos, y los anuncios no dispongan de esa libertad de expresión? A mi parecer, la respuesta es simple: las películas y los programas de televisión deben tener la libertad de incluir contenidos razonablemente controvertidos por tener un fin instructivo o de entretenimiento, mientras que la publicidad concibe el único fin de vender su producto. Aquello que diferencia tajantemente a un anuncio de un libro, una película, un corto o una serie de dibujos animados no es tanto el contenido –ambos contienen personajes, una historia, un narrador– como el fin: ¿Quién puede mencionar un solo anuncio con moraleja, o con una finalidad instructiva? Por esta razón, ante la pregunta ¿libertad de expresión en la publicidad?, sólo cabe decir “no, gracias”.
0 comentaris:
Publica un comentari