dijous 10 de març de 2011

Aurea Oratoria

Hace relativamente poco me encontré con un excelente profesor de latín que tuve en dos asignaturas durante mis estudios de licenciatura. Después de comentar las nuevas tendencias en pedagogía que habíamos observado en los últimos años, este profesor me explicó que se le había denegado una beca ministerial por no incorporar el uso de las nuevas tecnologías en el aula. El argumento esgrimido para la denegación fue, por consiguiente, una dispositio algo deficiente en técnica moderna, la cual, de acuerdo con los criterios de evaluación, debe ir acompañada preferentemente del uso de las nuevas tecnologías para facilitar el aprendizaje del estudiante.

En efecto, Puigpelat y Rubio hacen referencia en su artículo al omnipresente uso de las TIC en la retórica académica contemporánea, y acusan a muchos oradores de incluir en sus presentaciones de Power Point una cantidad de datos que abruma al estudiante y lo bloquean en su proceso de asimilación de la información. Sin embargo, esta sobre-inclusión no es únicamente un error de dispositio oratoria, sino que también puede contribuir a un empobrecimiento de la elocutio y a la actio, pues éstas dependen en gran medida del conjunto de la disposición informativa. De hecho, se presencia cada vez más un estilo retórico que se limita a leer las informaciones proporcionadas por el soporte tecnológico, que cuenta sólo con algunos excursos para precisar la información más tangencial (esto es, la que no entrará para el examen o para el trabajo final). Esta forma de entender la retórica es, en realidad, una simple transposición de la lectura tradicional de un libro a la de una pantalla o estor, aunque camuflada y disfrazada de método didáctico. Lo que más se resiente, por consiguiente, es la actio, ya que resulta prácticamente imposible gesticular y modular la voz de una manera natural si se produce un abuso de la información que contiene la presentación en la que se apoya el orador.

¿Qué es, entonces, lo positivo de las TIC? Para responder a esta pregunta hay que entender que lo primordial es ajustar el creciente número de dispositivos informáticos a la retórica de cada discurso, y, especialmente, a la de cada orador. Las nuevas tecnologías, que obligan a establecer un material pre-elaborado, pueden suponer un claro avance en la mejora de la inventio debido al carácter fijo que posee una presentación informática frente a la de un discurso que se circunscriba exclusivamente a lo oral. Asimismo, la elocutio y la actio pueden verse extremadamente favorecidas si los materiales de soporte responden precisamente a su nomenclatura y no devienen los materiales de “temario” que existen ya en algunas clases y conferencias. De hecho, es bien sabido que Internet ofrece una multiplicidad inagotable de recursos, por lo que cualquier orador puede extraer ejemplos o incluso imágenes que ejemplifiquen oportunamente el contenido de su discurso, así como enriquecer el impacto persuasivo de la elocutio y de la actio mediante la diversificación de estímulos visuales y auditivos.

Por ende, individualidad, optimización y modernidad son perfectamente compatibles siempre y cuando se respeten unas pautas básicas de moderación elocutiva y no se imponga tácita o explícitamente un método discursivo determinado. No debemos olvidar que, en el fondo, nuestra retórica es una emulación perfeccionada de aquélla que fue establecida hace siglos por los oradores grecolatinos, los cuales preconizaban, en todos los aspectos de la vida, una aurea mediocritas. La retórica no puede ser la excepción.

Eloy R. García

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