dijous 10 de març de 2011

La vida dura de una representante de instituto

En mi vida, si apartamos los estudios de los autores latinos, nunca estudié retórica. Como dice la lectura (Com Desbloquejar un Orador) yo siempre he pensado también que la propriedad del uso del lenguaje era algo innato, que formaba parte de la propia actitud, de la timidez y esos rasgos de la personalidad. Pero me doy cuenta de que muchas situaciones previas me han puesto frente a la prueba de aprender a defender mis ideas delante de unas cuantas personas. Intentar esto sin preparación es casi imposible.
Un ejemplo que me viene a la mente se remonta a los años del instituo, cuando fui elegida rapresentante de los alumnos. Esto quería decir desenvolverse entre los profesores y mis compañeros. Los temas de nuestros encuentros (con profesores o alumnos) eran, normalmente, las tareas y los horarios de las clases (los estudiantes querían menos deberes, basicamente),.Después de los primeros fracasos mis compañeros no paraban de insultarme; hasta pensé en dejar el encargo. Empezé a entender lo que significaba negociar con gente adulta (a veces mayor), que cuando tiene ante sí una chica de 17 años ni siquiera la va a escuchar. La primera cosa que aprendí fue: si por lo menos me prestasen atención seguro que tendría más posibilidades de llegar a un acuerdo entonces empezé sa ubir el tono de la voz para que también los profesores del fondo de aula pudieran escucharme bien y que no se aprovecharan para charlar de sus asuntos.
Con el tiempo me dí cuenta de que más breves eran mis interventos o discursos más posibilidades tenía de que los profesores estuvieran de acuerdo conmigo, ¡quizás porque no los aburría! Si acaso hacía una pregunta, mejor era hacerla mirando por lo menos a una cara (y no a la pared o al suelo), para que esa persona se sintiera responsable de contestarme. Si tenía que explicar muchos temas o razones, siempre era preferible tener una lista, ordenada de lo más a lo menos importante, con apuntes al lado. Por otro lado, cuando hablaba con mis compañeros lo mejor era ser un poco más irónica, decir las cosas de manera más sencilla posible, hacerles muchas preguntas para tener viva su atención , y, sobre todo, repetir las cosas más importantes varias veces a lo largo de mi intervención.
Cuando empezé en la universidad, utilicé muchos de estos recursos en los exámenes orales (la totalidad de mi curso); hacer un guióón del discurso era indispensable para aprobar los exámenes porque la expresión del mismo era, en la práctica, la mitad de la nota. Ahora creo que todo éeto (y mucho más) me resultará todavía útil para entrevistas de trabajos o para el trabajo mismo.

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